Una visita un año después
En septiembre de 2025, visité el trabajo de la Fundación del Proyecto Flipflopi en la isla de Amu, en el condado de Lamu, uno de los pequeños proyectos comunitarios de Kenia apoyados a través del Programa de Subvenciones OCEAN. Como miembro del Comité OCEAN, fue inspirador presenciar de primera mano cómo un proyecto que antes sólo existía sobre el papel se ha convertido en un próspero ejemplo de circularidad dirigida por la comunidad un año después de su puesta en marcha.
La historia de Flipflopi comenzó en 2016 con una idea inspiradora: construir un dhow (embarcación tradicional de vela) enteramente de plástico reciclado como símbolo de esperanza y acción contra la contaminación marina. Casi una década después, gracias a la Subvención OCEAN, Flipflopi ha ampliado su trabajo de la isla de Amu a la isla de Pate, aportando valiosas lecciones, asociaciones y optimismo para lograr comunidades costeras más limpias y sostenibles.
Soluciones circulares arraigadas en la realidad local
La fase actual se centra en la integración de las Unidades de Gestión de Playas (BMU), las organizaciones comunitarias responsables de coordinar y supervisar la gestión local de los recursos marinos. Este enfoque refuerza la apropiación local y encaja perfectamente con la visión de OCEAN de capacitar a las comunidades para que se conviertan en guardianas de sus entornos marinos.
Con el apoyo de OCEAN, Flipflopi ha establecido cuatro puntos de recogida de residuos en toda la isla de Pate, con una empacadora estacionada en Siyu. Los residuos recogidos en los pueblos se transportan periódicamente a Lamu para su procesamiento y reciclaje. La logística es sencilla, dirigida localmente y eficaz, pero el impacto humano es mucho más profundo.
Empoderamiento cotidiano en acción
En los pueblos que visitamos, conocí a mujeres y hombres cuyo trabajo diario está transformando silenciosamente tanto su entorno como sus medios de vida. La mayoría de los basureros son mujeres de más de 30 años, muchas de ellas con una educación formal limitada y pocas oportunidades de ingresos. Sin embargo, Flipflopi retiene y eleva a las que demuestran compromiso y habilidad.
Por ejemplo, Mama Fatma, de Kashmiri Village, un barrio desfavorecido de la isla de Amu. Empezó a trabajar como recolectora en los primeros días de actividad de Flipflopi, clasificando plásticos algunos días para complementar sus ingresos. Con el tiempo, aprendió a identificar los plásticos por tipos -HDPE, PET, PP y otros- y su precisión le valió el puesto de formadora y supervisora en la Instalación de Recuperación de Materiales.
“A veces incluso yo le pregunto qué plástico es cuál”, admite Abubakar, el coordinador del proyecto, sonriendo con orgullo.

A los recolectores se les paga por kilogramo de residuos. El HDPE, por ejemplo, gana 16 KES por kg, y también reciben Puntos Bonga que pueden canjear en una tienda local por alimentos o artículos para el hogar. Hay planes en marcha para ampliar las opciones de canje e incluir el pago de las tasas escolares. Estos pequeños incentivos añaden dignidad al trabajo con los residuos y ayudan a cubrir necesidades domésticas esenciales.
El liderazgo crece desde dentro
El propio viaje de Abubakar refleja la evolución del proyecto. Primero se unió a Flipflopi como asistente de investigación para estudiar las tradiciones swahili de construcción de embarcaciones, cómo se fabricaban los dhows, las maderas utilizadas y las historias que llevaban en sus velas. Más tarde se convirtió en asistente comunitario apoyando la recogida de plásticos, y hoy es coordinador del proyecto, dirigiendo los equipos del proyecto OCEAN en Pate y Lamu.
Durante nuestros paseos por los pueblos vecinos, saludaba a los recolectores por su nombre. La confianza entre él y la comunidad era palpable. Cada mes, convoca sesiones maskani -diálogos comunitarios informales- en las que los recolectores comparten preocupaciones e ideas, desde el equipo de seguridad para la estación cálida hasta un mejor transporte para las cargas completas. Es un pequeño pero poderoso ejemplo de liderazgo alimentado desde dentro de la propia comunidad.
Cambiar las narrativas sobre los “residuos”
En Pate, la recogida de basuras está pasando gradualmente de ser una tarea estigmatizada a un acto compartido de responsabilidad medioambiental. Gracias a la estrecha colaboración con las BMU y el gobierno del condado, el cuidado del medio ambiente se está convirtiendo en un valor comunitario, algo que se practica y se transmite con orgullo.
Como me dijo Dipesh, uno de los defensores de Flipflopi desde hace mucho tiempo: “Deberíamos dejar de decir que los residuos son riqueza. Lo que importa es la responsabilidad con la que lo gestionamos”. Su punto de vista resonó: la verdadera circularidad no sólo tiene que ver con los ingresos, sino con el cambio de mentalidad hacia la responsabilidad a largo plazo por nuestros océanos.
Aprender de Flipflopi
El éxito de Flipflopi subraya la importancia de las relaciones con las comunidades, las autoridades comarcales y los socios. La sostenibilidad aquí no es sólo innovación; se trata de hacer que la acción medioambiental sea decente, digna y deseable.
Otra lección sorprendente es la transferencia de habilidades. La larga tradición de Lamu de construcción de barcos de madera se mezcla ahora con un nuevo oficio -la carpintería de plástico reciclado- para producir barcos, bancos y muebles domésticos. Es la adaptación cultural en movimiento, fusionando el patrimonio con la sostenibilidad moderna.
Reflexiones sobre la visión de OCEAN
Esta visita me recordó por qué existe OCEAN: para permitir que pequeñas iniciativas impulsadas por la comunidad prueben y amplíen soluciones locales a problemas globales. Ver de cerca el trabajo de Flipflopi reafirmó el modo en que estas subvenciones alimentan la innovación, fomentan las asociaciones y capacitan a las personas para actuar en favor de su entorno.
Esperanza flotante
Cuando abandoné la isla de Amu, sentí una renovada determinación. Observar cómo las comunidades locales se hacían cargo de su entorno con responsabilidad, destreza y sereno orgullo fue un humilde recordatorio de que el cambio significativo surge del interior.
El viaje de Flipflopi desde un único dhow de plástico reciclado hasta un próspero modelo de comunidad circular capta el corazón del Programa de Subvenciones OCEAN: conectar la acción local con la ambición global y demostrar que cuando las personas y el planeta prosperan juntos, la esperanza flota.
Asma Hadi Awadh es conservacionista marina y costera y miembro del Comité de Expertos de OCEAN.